EL TABLÓN

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Aínsa, domingo 6 de agosto

Posted by tablon en 11 agosto 2006

El grito Esta noche, soñé con un pueblo lleno de flores y de grandes árboles que daban sombra a los paseantes. Soñé con un precioso parque encantado, donde pequeños y mayores podían descansar al atardecer. Soñé que mi pueblo era cuidado, limpio, humanizado y que nadie tiraba desperdicios al suelo. Mi pueblo sólo estaba contaminado por el murmullo de sus ríos y el canto de los pájaros. No existían coches ni motocicletas conducidos temerariamente, sin tubos de escape. Todo el que transitaba por él era civilizado.

Como casi todas las noches, mientras soñaba, unos ruidos procedentes de la calle se colaron por mis ventanas, abiertas para recibir la brisa refrescante de la noche. Me desperté. Y así, estuve hasta el amanecer, entre sueño y realidad, igual que el vecindario. Pudimos disfrutar de la habitual movida ainsetana (no la confundan con la madrileña): vocerío, copas de cristal arrojadas adrede al asfalto, persecuciones, gritos, súplicas, arranques de motores, frenazos, acelerones, portazos, risas, música bacalao. Las horas fueron desgranándose, interminables.

Al fin, despuntó el amanecer. Los noctámbulos, derrengados, se fueron a dormir. Mientras, los que trabajamos los domingos, nos levantamos exhaustos, sin saber si aquello había sido un sueño o una pesadilla. ¡Tanta marcha nocturna agota a cualquiera! Nada de resaca alcohólica sino una buena melopea cerebral debida a la falta de descanso.

Suena el despertador. Media hora después, saco como puedo mis huesos de entre mis sábanas soñolientas. Me miro al espejo, sin reconocer mi reflejo. Esta noche loca ha hecho mella en mi rostro. Apresuradamente, me ducho, desayuno y salgo a la calle a las 8 y media de la mañana.

Vasos rotos, ramas arrancadas (menuda gracia) y vómitos, que esquivo milagrosamente, siembran mi camino, dándome la bienvenida a este nuevo día.

Me voy a trabajar.

Y mientras se me llevan los demonios, los angelitos duermen a pierna suelta, soñando con sus hazañas nocturnas, sin que ahora, a ellos, nadie les moleste.

Una ainsetana

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